Andaba buscando una palabra que definiera, siquiera vagamente, la emoción que experimenté este domingo durante una jornada dedicada íntegramente a las vísperas de la Semana Santa. Y fue alguien ajeno por completo al mundo cofrade, al que conté lo sucedido, quien dio en el clavo y encontró la expresión adecuada. Alfonso se refirió a aquella sensación que recorrió mi cuerpo como "el pellizco". Quizá no la describa con exactitud, pero es muy difícil poner nombre a los sentimientos.
Ocurrió en una visita a la capilla de la Hermandad de la Carretería, en compañía de unos amigos que viven con intensidad esta cuenta atrás. Jamás había estado en ese templo. Nada más entrar, su visión me sobrecogió. La figura imponente del Cristo de la Salud me hizo viajar en el tiempo y me trasladó al monte del Calvario, donde Jesús de Nazaret fue crucificado por proclamar el amor y la justicia. Y de alguna manera, me sentí testigo del sufrimiento inhumano al que fue sometido aquel hombre, y no pude ni quise evitar una profunda emoción. Besar su pie, alzar la mirada y contemplar el dolor reflejado en su rostro, provocó en mí una profunda aflicción.
En ese instante sientes que te tocan el alma. Una explicación racional situaría la respuesta a mi reacción en la perfecta combinación ambiental que estimula los sentidos: la belleza escultórica, el juego de luces y sombras, el respetuoso silencio, el intenso olor a incienso... Pero hay algo más, que solo puede entenderse si lo experimentas por tí mismo. Ese "pellizco" te conmueve ante algo extraordinariamente bello. Es una emoción que reactiva y bombea con fuerza tu corazón, y que te puede llegar ante un paisaje único, escuchando una interpretación musical sublime, o en una placentera conversación con una persona con la que estableces una conexión mágica.
Algo así, aproximadamente así, fue lo que sentí en este segundo domingo de Cuaresma de paseo por la Sevilla de primavera. Tal vez los duros momentos vividos en este último año, en el que la muerte ha estado tan presente en mi vida, hayan influido en este arrebato de sensibilidad. Pero, más allá de los inútiles intentos de explicar y definir lo que escapa a la razón, sé que quiero repetir esa emoción que cautivó mi espíritu.
Buena Cuaresma a todos.
Ocurrió en una visita a la capilla de la Hermandad de la Carretería, en compañía de unos amigos que viven con intensidad esta cuenta atrás. Jamás había estado en ese templo. Nada más entrar, su visión me sobrecogió. La figura imponente del Cristo de la Salud me hizo viajar en el tiempo y me trasladó al monte del Calvario, donde Jesús de Nazaret fue crucificado por proclamar el amor y la justicia. Y de alguna manera, me sentí testigo del sufrimiento inhumano al que fue sometido aquel hombre, y no pude ni quise evitar una profunda emoción. Besar su pie, alzar la mirada y contemplar el dolor reflejado en su rostro, provocó en mí una profunda aflicción.
En ese instante sientes que te tocan el alma. Una explicación racional situaría la respuesta a mi reacción en la perfecta combinación ambiental que estimula los sentidos: la belleza escultórica, el juego de luces y sombras, el respetuoso silencio, el intenso olor a incienso... Pero hay algo más, que solo puede entenderse si lo experimentas por tí mismo. Ese "pellizco" te conmueve ante algo extraordinariamente bello. Es una emoción que reactiva y bombea con fuerza tu corazón, y que te puede llegar ante un paisaje único, escuchando una interpretación musical sublime, o en una placentera conversación con una persona con la que estableces una conexión mágica.
Algo así, aproximadamente así, fue lo que sentí en este segundo domingo de Cuaresma de paseo por la Sevilla de primavera. Tal vez los duros momentos vividos en este último año, en el que la muerte ha estado tan presente en mi vida, hayan influido en este arrebato de sensibilidad. Pero, más allá de los inútiles intentos de explicar y definir lo que escapa a la razón, sé que quiero repetir esa emoción que cautivó mi espíritu.
Buena Cuaresma a todos.
5 comentarios:
Magnifica imagen y magnifica recogida de la cofradía, te la recomiendo Alvaro, apagan las luces del barrio y es una estampa de la que el Viernes Santo merece uno vivir. Un abrazo hermano
Nunca he visto la cofradía en esa calle. A ver si puedo este año. Seguiré tus consejos, los de un ilustre cofrade, sin duda.
Supongo que vendrás este año en Semana Santa, ¿no?
Un abrazo.
Un pellizco muy grande fue lo que senti en la presentacion del concierto en la capilla de la SOLEDAD cuando Pedro se emociono tanto dedicando aquellas palabras tan emotivas a Jose Antonio Moran y tambien me emocione muchisimo cuando tocaron Señor de la PAZ asi que me lleve medio concierto llorando.
Alvaro muchos animos yo tambien hay veces que me vengo abajo pero siempre tenemos que pensar que por los demas tenemos que seguir para delante . Un besito
Hola Álvaro,
Dime si me equivoco o no, pero, después de todo lo que cuentas, ¿no sentiste una gran paz interior? Hace ya bastante tiempo experimenté algo parecido a tu "pellizco". Lo que más recuerdo por eso es la sensación posterior, una sensación de paz interior que espero volver a repetir alguna vez.
Por cierto, tenía pendiente decirte una cosa, cuando vengas otra vez por Barna, neeeeengggg, llámame, que no todos los catalanes somos tan malos como por ahí dicen. Además, no olvido lo bien que me acogéis por Gerena cuando voy por allí, y eso lo tengo que repetir yo por aquí. O sea, que anota para la próxima.
Un abrazo muy fuerte.
Jaime Torres
Pues sí que sentí esa paz interior, amigo Jaime. De alguna manera, te reconcilias contigo mismo y te da empuje.
Prometo avisarte la próxima vez que vaya a Barcelona. En esta ocasión apenas tuve tiempo para nada.
Saludos.
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