
Esta semana quedarán constituidos los nuevos consejos escolares del Fernando Feliú y del I.E.S. Gerena, tras la celebración de las elecciones para renovar a los representantes de los diferentes sectores que integran la comunidad educativa. En mi condición de concejal de Educación formo parte de ambos consejos desde hace tres años, y continuaré en el puesto al menos hasta final del presente curso. La experiencia no es nueva para mí, ya que siendo alumno fui elegido para llevar la voz de mis compañeros a este órgano clave en el organigrama de los centros.
Los consejos escolares han ido ganando competencias en paralelo al aumento del desinterés por la educación. Todos nos hemos quejado en numerosas ocasiones de la falta de voluntarios para presentarse a las elecciones escolares, de la baja participación en los comicios, de la escasa asistencia a las reuniones... En una reflexión anterior sobre el fracaso escolar, apunté que, en mi opinión, en los últimos años se ha producido una dejación de las responsabilidades de los progenitores, que deben ayudar a sus hijos y hacer un seguimiento de sus hábitos, compañías y formas de ocio. Y añadía que la asistencia a las actividades convocadas por los centros escolares y el contacto con los tutores son igualmente fundamentales.
Las últimas elecciones a consejos escolares han registrado una participación ligeramente superior a las convocatorias anteriores. Y la incorporación de caras nuevas parece invitar al optimismo. Por lo que he podido palpar, los consejeros y consejeras que se estrenan vienen con muchas ganas de trabajar. Estar informados, opinar sobre las medidas para mejorar el funcionamiento de los centros, fiscalizar la gestión de la dirección y del Gobierno municipal, ordenar la convivencia (expresión que le gusta utilizar a Leonardo Alanís, director del Instituto)... deben ser los propósitos de quienes han recibido la confianza de la comunidad para luchar por la calidad de la educación que reciben los gereneros y gereneras del futuro.
Paradójicamente, la crisis económica quizá tenga algo que ver con la incipiente recuperación del interés por la educación. No ya porque la situación de desempleo de muchos padres y madres les permita estar más atentos a la enseñanza que se imparte a sus hijos, sino porque hay un amplio consenso en que la mejora del sistema educativo es una de las claves para cambiar el modelo social y económico del país. Una generación más formada, no sólo en conocimientos, sino sobre todo en valores, es la mejor garantía para el progreso de la nación.
Sirva la nueva etapa de los consejos escolares que ahora iniciamos para tomar conciencia de la importancia de la labor de estos órganos en la vida de los centros educativos de nuestra localidad. La tarea que tienen encomendada debe basarse en la participación activa de sus miembros y en la defensa del interés general, superando la vieja tentación de politizar todos los ámbitos e instancias locales. Hay mucho en juego como para permitirnos posiciones sectarias y partidistas. Toca arrimar el hombro para que la educación sea una prioridad absoluta en nuestro esfuerzo colectivo como pueblo.